Elena Poniatowska nació en París en 1932 y emigró a México a los diez años junto con su mamá y su hermana Kitzia, quienes huían de una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial. Su madre, Paula Amor de Ferreira Iturbe, fallecida en marzo de 2001 a los 92 años, fue mexicana afrancesada, cuyos antepasados abandonaron México después del fusilamiento de Maximiliano y la demencia de Carlota. Nacida en Francia, doña Paulette conoció a su futuro esposo, el príncipe Jean Evremont Poniatowski Sperry, durante un baile de la familia Rothschild en París y se casaron poco después, en 1922. Del matrimonio nacieron tres hijos: Elena, Kitzia y Jan, el más pequeño, fallecido en 1968 a los veintiún años, víctima de un accidente automovilístico.

Poniatowska comenzó su educación en Francia, donde su abuelo le dio sus primeras clases de francés y matemáticas. Al llegar a México continuó sus estudios de primaria en el Windsor School. Concluyó su educación formal en el Convento del Sagrado Corazón de Eden Hall en Torresdale, cerca de Filadelfia. Allí hizo el programa de “Academic Classes”: cuatro años de estudios generales, aparte de las requisitas clases de solfeo, baile, religión y buenos modales. Aunque sus profesores le aconsejaron que continuara sus estudios en Manhattanville College, debido a una devaluación en México, sus padres no pudieron financiar su educación universitaria y Elena regresó a México, tierra de volcanes y pirámides, haciendas y palacios, pero también de jacales y huaraches, pulque y huitlacoche.

De vuelta en México, Poniatowska estudió taquimecanografía para después trabajar como secretaria bilingüe, pero nunca hizo el bachillerato. Según ella, no se acercó a la universidad, ni de noche. Si bien es verdad que ha recibido varios doctorados honoris causa de universidades de México y del extranjero, la escritora señala que su educación superior fue poco tradicional: no asistió a la Universidad de La Salle, sino a la de “La Calle”. En cambio, sus entrevistados, entre los que figuran Alfonso Reyes, Luis Buñuel, Octavio Paz, Diego Rivera, Juan Rulfo, André Malraux y Rosario Castellanos, se convirtieron en los benévolos maestros de una joven siempre curiosa y, a veces, impertinente.

Elena Poniatowska es autora de más de cuarenta libros que abarcan casi todos los géneros: entrevista, cuento, teatro, crónica, testimonio, novela, ensayo y biografía. A pesar de su extensa y variada obra literaria, es mejor conocida por sus entrevistas y libros de testimonio, géneros reinventados en México por ella. Como un enorme fresco verbal, en su conjunto forman un testimonio vasto y completo para entender la historia mexicana de las últimas cinco décadas. Poniatowska también se ha encargado de describir los acontecimientos que han marcado profundamente a México como nación y muestra excepcional se encuentra en La noche de Tlatelolco (1971), crónica colectiva del enfrentamiento entre estudiantes y soldados, constituida por un collage de voces que sirven al mismo tiempo de forma y contenido. Hasta no verte Jesús mío, novela neo-realista, es también testimonio, el de una mujer rezongona y admirable que luchó en la Revolución Mexicana y vivió más aventuras que el Periquillo Sarniento o la Pícara Justina.

Si bien Poniatowska ha disfrutado de un enorme éxito como periodista y escritora, siempre se ha sentido un poco abandonada por los círculos literarios de la élite. Como periodista, anduvo tras la noticia y por estar reporteando día y noche, nunca tuvo tiempo de participar en la sociedad literaria del momento. Además, desde muy joven empezó a creer que había que hacer libros útiles, libros para su país, lo cual hacía exclamar Carlos Fuentes: “Mira la pobrecita de la Poni, ya se va en su vochito a entrevistar al director del rastro”. Por lo visto, el precio de las cebollas y los jitomates, los desalojos y las invasiones de tierra, resultaron para ella mucho más importantes que los estados de ánimo o las vanguardias literarias del momento. Quizá por eso un día la autora declaró que algunos escritores la consideran “la cocinera, la barrendera, la criada que está limpiando los excusados de la gran casa de la literatura”.

Lejos de pertenecer al mundo que tanto le fascina, Poniatowska es descendiente del último rey de Polonia, Stanislas Augusto Poniatowski y del Mariscal de Francia, el príncipe Josef Ciolek Poniatowski. Su familia cuenta entre sus antepasados ilustres un arzobispo, un músico, y algunos escritores, incluyendo a la tía Pita, Guadalupe Amor, dueña absoluta del infierno. Gracias a su ascendencia, y debido a sus propias inclinaciones de izquierda, sus familiares europeos la bautizaron como la Princesse Rouge.

Por medio de esta página electrónica dedicada a la vida y obra de Elena Poniatowska, sus lectores también se volverán testigos de las múltiples cualidades literarias que encierra su obra, una que alterna de manera casi imperceptible entre el periodismo y la literatura, el testimonio y la novela. Al mismo tiempo, aquí se rinde merecido e implícito homenaje a Elena: en una suerte de collage virtual, aquí se reflejan –si bien fugazmente-- las facetas cardinales de su vida y obra.